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Mundo Oculto - Subba Row

EL MUNDO OCULTO

T. Subba Row

He observado con mucho interés el efecto producido en el público de Occidente por el libro del señor Sinnett titulado “Buddhismo Esotérico”; y no he sido defraudado en mis expectativas. No hay nada sorprendente en la actitud de los espiritistas hacia la Teosofía y sus Maestros. Impresionados por los extraños fenómenos -erróneamente considerados manifestaciones de los espirítus- de que han sido testigos durante los últimos años, la mayoría de los espiritistas se han persuadido firmemente que: esas manifestaciones indican un momento decisivo en la historia del género humano; que ellas están destinadas a presentar al mundo, un sistema sublime de filosofía religiosa, sistema que suplantará a cualquiera otro existente, ya sea en Oriente como en Occidente, y que por primera vez en los anales de este globo, se le ha permitido al hombre, por medio de esas manifestaciones, tener un atisbo del misterioso mundo del más allá probablemente ellos no están enterados del hecho, o se muestran extremadamente renuentes a creer, que estos fenómenos son conocidos en Oriente desde edades remotas, y que sus causas misteriosas fueron cuidadosamente estudiadas por místicos esotéricos. Evidentemente, los espiritistas se sienten ofendidos por habérseles dicho, que para las naciones de Oriente, estos fenómenos carecen de toda importancia y novedad; que no hay profundo ni en sus manifestaciones, ni en sus causas inmediatas; que ellos nunca podrán develar el verdadero misterio del Cosmos manifestado o del Espíritu humano (séptimo Principio), y que todo lo que esos fenómenos pueden enseñar es ya conocido por los ocultistas de Oriente desde tiempo inmemorial. Y hay probablemente otra razón por ]a cual los espiritistas y algunos estudiantes occidentales de Teosofía, no tratan con la seria atención que ellas merecen, las enseñanzas incluidas en El Mundo Oculto y en El Buddhismo Esotérico, por el señor Sinnett. Las naciones occidentales están acostumbradas a considerar a los orientales como sus inferiores en todo sentido. Parecería que, según los occidentales la fuerza muscular, el poder intelectual y la penetración espiritual son coexistentes, y que la ascendencia política europea significa e incluye una superioridad intelectual y espiritual. Por eso es que se sienten demasiado orgullosos para admitir que haya místicos en oriente que saben mucho más acerca de la naturaleza y de sus leyes, que todos sus científicos, filósofos, espiritistas e instructores religiosos. El descubrimiento de los Mahatmas en Oriente es para ellos casi una pesadilla, y se sentirían muy felices si pudieran verse libres de todo eso lo antes posible. Por tanto, en lugar de examinar cuidadosamente las teorías expuestas en el libro del señor Sinnett, ellos tratan en lo posible de exhumar, no importa de donde. algunos pocos hechos e incidentes que esperan les permitirán refutar la existencia de nuestros Mahatmas y presentarla como extremadamente dudosa; o si ambos intentos resultan impracticables mostrar a los Sadhus como seres extremadamente inferiores a ellos mismos. Varios prominentes espiritistas han presentado ya, absurdos, superficiales y unilaterales informes acerca de las doctrinas contenidas en el libro del señor Sinnett, con la intención aparente de adormecer los temores de los espiritistas ortodoxos, de confortar sus propios sentimientos y de defender la importancia e incomparable grandeza de la “Nueva Dispensación” dada a conocer en el civilizado e iluminado Occidente, por el golpeteo de los espíritus y el movimiento de las mesas; mientras que algunos otros espiritistas probablemente se consuelan con la idea, de que, si aun fuera probado que los Mahatmas tienen una existencia real (y no creación de Mme. Blavatsky), ellos no pueden ser más que espíritus, (¡Pizachas!), o en el caso más favorable, poderosos "médiums" físicos. Bajo tales circunstancias, todo lo que sea argüir con los espiritistas es peor que inútil. Meros fenómenos, por más maravillosos que sean, nunca podrán probar a satisfacción de ellos, ni la existencia de los Adeptos, ni la naturaleza del verdadero Adeptado. Cualesquiera de los fenómenos que podamos mostrarles, serán de inmediato atribuidos a la acción de los espíritus (como ellos los llaman) elementales los llamamos nosotros y serán clasificados como del mismo origen de los que se producen en sus séances mediúmnicas. Aún si consiguiéramos una imposjbi1idad, como sería convencer a uno de nuestros Adeptos Orientales a que se presentara en Londres y probara su existencia y saber ante el público, estos cazadores de fenómenos lo proclamarían, a manera de cumplimiento, como un excelente “médium” y nada más. Por esto no es difícil pronosticar que, mientras la masa de espiritistas o de sus líderes se sienta satisfecha con sus propias ilógicas y fantasiosas hipótesis, sin investigar científicamente sus fenómenos y sus causas en conexión con los antiguos sistemas de filosofía religiosa y ocultismo, será imposible esperar de ella que escuche pacientemente las enseñanzas de nuestros Mahatmas. Para un verdadero investigador científico que intenta determinar la ley general que gobierna una clase particular de fenómenos, aun la sugerencia de una plausible hipótesis es de considerable valor. Los Mahatmas no han declarado nunca que ellos darían una exposición sistemática y exhaustiva de la Ciencia Oculta. Ellos sólo trataron de presentar al público, algunas pocas doctrinas de carácter general que podrían sugerir algunas hipótesis razonables, por las cuales la experiencia de los antiguos místicos y de los así llamados fenómenos espiritistas de la época moderna, podrían ser considerados y sometidos a una ley general; doctrinas que también podrían mostrar en cierto grado, la base científica de todas las antiguas religiones cuyas enseñanzas generalmente se supone que son diametralmente opuestas a aquellas de la ciencia moderna. Para cada verdadero ocultista y para cada verdadero estudiante de ciencias; esas doctrinas son de inmensa importancia, especialmente en la época actual, en que los antiguos sistemas religiosos están muriendo por carecer de verdadera fuerza vital; cuando la ciencia no ha encontrado aún los medios de penetrar en el mundo íntimo del noumeno, y cuando las extrañas manifestaciones que tienen lugar en las séances mediúmnicas son rechazadas por la mayoría de los hombres de ciencia como absurdas supersticiones, a la vez que son erróneamente consideradas por los espiritistas como indicadoras de la existencia de los espíritus desencarnados.

 

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